lunes, 15 de junio de 2015

Teatreros, Invencibles, ¡qué nunca baje el telón!



A menudo me he preguntado el porqué del teatro, muchos de vosotros conoceréis mi documental El Juego del Teatro que más abajo muestro para quién todavía no lo conozca.

Y es que este pasado domingo 14 de Junio he asistido un año más al Encuentro de Escuelas de Teatro de Castilla La Mancha, este año se celebraba la séptima edición en Enguídanos; la segunda desde que yo soy monitora de la escuela de mi pueblo, Villalpardo.

Éste año ha sido especial por muchos aspectos, unos más alegres; otros menos célebres.

Quiero empezar este alegato al teatro desde mi propia historia, o quizá sea la historia de mi madre, o de ambas. Yo tuve mi primera andadura teatral con el teatro a los 5 años, cuando tras la necesidad de contar con un niño-actor para la representación de la obra Casa de muñecas, mi madre, vinculada a la compañía del pueblo desde 1989, ofreció a esa pequeña niña de cinco años que; desde tiempos que no recuerdo había gateado por aquel escenario. Ese fue mi primer papel, el primero como actriz; si una niña que apenas tenía una decena de frases puede llamarse actriz. Pero no es necesario recitar un papel en el escenario para formar parte del teatro. Con el claro ejemplo de mi madre, a la que debo esta pasión por el teatro y el arte en general, observamos que no es el teatro el actor, si no una una pieza más del gigantesco engranaje de ésta forma de vivir para tanta gente, que es el teatro. Ella nunca se aprendió un papel, nunca recitó una frase, nunca subió a un escenario, ni fue iluminada por ningún foco. Ella, tan orgullosa Ayudante de Dirección -como a sí misma se gusta definir-, ha sacado a delante junto a su inseparable director, Librado Carrasco, innumerables montajes teatrales desde hace años hasta hoy mismo; y lo que les queda. Y así, desde la constancia que queda con fotografías de los años noventa, aprendí a gatear, caminar, hablar y sentir entre ensayos de un viejo Centro Social, bambalinas y decorados. Casa de muñecas con cinco años y Los cuernos de Don Friolera con siete años fueron mis primeros papeles, hasta que un día de verano Librado me cogió del brazo cuando yo tenía tan solo 12 o 13 años y me mostró un texto: La Verdadera y Singular Historia de la Princesa y el Dragón, me maravilló la historia, pero solo había un problema: tenía que convencer a un total de quince amigos, todos entre 12 y 16 años para que se aventuraran a llevar a cabo el montaje de aquella obra. Conseguí convencer a esos 15 amigos y juntos conseguimos que aquella obra girara por pueblos de Castilla La Mancha durante tres años en los que la pubertad, la diversión y la responsabilidad iban creciendo y solapándose día a día; aquellos años forjaron mis amistades hasta lo que son hoy en día. No cambiaría aquellos años de mi adolescencia de gira con mis amigos por nada del mundo. Aquellas representaciones en plazas Conquenses me han echo ser lo que soy.

Hace aproximadamente año y medio se me ofreció la oportunidad de ayudar a Librado y mi madre en la dirección de la Escuela de Teatro municipal de Villalpardo, a lo que accedí sin apenas pensarlo. Mi formación en numerosos cursos de interpretación e improvisación me daban una formación que podía poner en práctica con chavales de mi pueblo de las mismas edades que yo tenía cuando representé La Verdadera y Singular Historia de la Princesa y el Dragón. No sé qué pasó, ni qué hice mal ni tan si quiera de quién pudo ser la culpa; en ese primer curso 2014 dos de los alumnos dejaron la escuela. Para el curso 2015 otro más desistió de su aventura teatral y finalmente, a tan solo 15 días del encuentro de escuelas de teatro otros tres alumnos nos dejaron en la estacada. No podemos echarnos la culpa, ni tan siquiera intentar buscar respuesta a tan semejante espantada. Lo único que tengo claro es que he sido la culpable de no haber sabido transmitir todo lo que aquel montaje ya lejano me dio a mí y a todos mis compañeros.

En el reciente encuentro de escuelas de teatro escuché a alguien decir que: “ahora no nos podemos quejar de las dificultades de hacer teatro, que antes sí costaba sacar adelante una obra con todo el hambre, el frío y las penurias que se pasaba”. Discrepo totalmente con esta afirmación. Antes, cuando había hambre, frío y pobreza en cada casa de éste país no había mayor alegría que juntarse todos para hacer la comedia, para poner otro color a la vida, para escapar del hambre, del frío y las penurias. Para la juventud de hoy en día parece ser que la vida está tras la pantalla de una red social, en el extraño sabor de la primera cerveza o en conversaciones frívolas con amigotes que dentro de años o meses ya no lo serán. Por más que me pregunto no sé que ha podido fallar, no sé si ha sido por la falta de personalidad propia de los adolescentes, por mi falta de motivación para con unos jóvenes pegados a sus dispositivos móviles o qué la juventud de hoy en día nada tiene que ver con aquella de principios de siglo. No hace falta decir que las puertas de la Escuela de Teatro estarán abiertas para todos sea cual sea el momento en que quieran regresar.

Quién haya creído que hacer teatro son todo éxitos y diversión está muy equivocado. Hacer teatro es esfuerzo, dedicación y trabajo. Mucho trabajo. Estoy hablando de una compañía amateur, que todo lo que hace es por puro y sincero amor al arte. Tras aquella andadura adolescente a principios de los años 2000 pasó un tiempo prudencial hasta que volviera a hacer teatro. Pero volví y más fuerte que nunca, llegando hasta la otra punta del país para representar la obra que más reconocimiento y satisfacción me ha dado. Hasta volver a impregnar a mis compañeros de clase del amor al teatro cuando a penas los conocía. Hasta la realización de un corto documental (ver abajo) donde volví a “engañar” a mi grupo de amigas para que se subieran al escenario en dos únicas representaciones. Hasta hoy en día.

Ayer fue un día importante para la Invencible Teatro de Villalpardo. Para todo aquel ajeno al maravilloso mundo del teatro, sepan que ayer, nuestra compañía de teatro recibió el reconocimiento a la trayectoria por sus casi 70 años de historia. 70 años, que se dice muy pronto y cuesta mucho más de recordar. 70 años haciendo teatro son muchos años. Aquí queda patente el claro ejemplo de porqué somos Invencibles. Porque nada ni nadie podrá tumbarnos. En aquel acto nuestro director agradeció al ayuntamiento el apoyo incondicional que siempre ha mostrado, agradeció a todos sus componentes el trabajo impagable que han hecho y, sobretodo, agradeció al público sus aplausos porque sin ellos hace años que la Invencible habría sido vencida.

Cuando me preguntan por qué hago teatro no se muy bien que contestar. No sé si es esa pasión que he mamado desde niña. Si es la satisfacción del reconocimiento que se siente tras bajar el telón al finalizar una actuación. Si son los nervios indescriptibles antes de pronunciar la primera frase. Creo que nunca podré explicarlo, ni tan siquiera escribirlo.

Ayer vi a un niño que apenas sabía hablar y a duras penas caminaba tocar el cajón flamenco encima de un escenario mejor que cualquier percusionista que había visto nunca. Vi a mujeres que rondaban los ochenta años pintarse barba y ser el hombre que nunca fueron. Vi a madres y amas de casa disfrutar de los focos, a hombres en tacones más resueltos de lo que estaré yo jamás. Vi a actrices romper a llorar y actores contagiarnos una carcajada inmensa.


Ayer, una vez más, me quedó claro porqué amo el teatro. Aunque nunca llegue a ser capaz de explicarlo. 




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