viernes, 29 de mayo de 2015
Políticamente correcto, por regla general.
Dicho esto en los últimos días he observado como personas de toda ideología y semblante cultural bombardeaban las redes sociales con opiniones de todo tipo. Bajo mi asombro y mi lectura de todas las opiniones, he llegado a la conclusión de que mi muro se dividía en tres tipos de personas diferentes: Los políticamente interesados y activos, aquellos a los que no les gusta la política y, por último y más numerosos, aquellos a los que no les interesa la política.
Yo siempre me he considerado del primer grupo, aunque a menudo las circunstancias me hacen esconderme bajo la comodidad del segundo. Pero no nos engañemos amigos, el mero hecho de estar escribiendo esto me lanza de cabeza al grupo de los políticamente activos.
Mucha gente que ahora esté leyendo esto se preguntará: ¿Qué diferencia existe entre a los que no les gusta la política y aquellos a los que no les interesa?¿No son los mismos? Rotundamente No.
La mayoría de ciudadanos encuentran en la política un asunto aburrido, lleno de promesas, palabras vacías y juegos sucios para alzarse con el poder. Pero esto no les hace olvidar que la política es un arma necesaria e imprescindible si queremos forjar un futuro civilizado. Desde la antigua Grecia la política ha gobernado los pueblos y se ha ido forjando el mundo en el que hoy vivimos. Las personas que reciben la política con un bostezo, de la misma forma que yo recibo la última etapa de la Vuelta a España, son muy conscientes de la necesidad de la política, de las diferentes ideologías y las diferentes formas de gobernar un país. Éstas personas no opinan, pero dejan opinar; no se mojan, pero dejan que otros se mojen; no gritan, pero escuchan. Éstas personas, por regla general, ejercen su derecho a voto, van a su cita con las urnas con el voto de siempre dentro del sobre casi siempre del mismo color, conscientes de lo que van hacer pero muy reacios a cambiar su punto de vista. He dicho: por regla general.
Desgraciadamente en mi entorno me he encontrado con un numeroso grupo de personas a los que no les interesa la política, ignorando por completo lo necesaria que es ésta en el día a día. Personas cargadas de razón que creen que nada de lo que le haga en las altas esferas les incumbe, que ellos seguirán trabajando del mismo modo, cobrando a final de mes y durmiendo todos los días en la misma cama. Nada más lejos de la realidad.
La política no son palabras vacías en tertulias de las altas esferas. La política, amigos míos, está en la barra de pan que compras cada día, en la gasolina que quemas de camino al trabajo, en la nómina que da comer a tus hijos y, como no, en el entretenimiento que consumes sentado e ignorante mientras piensas que nada va a cambiar tu bienestar o tu pesadilla. La historia nos ha enseñado lo necesaria que es la política, y no hay más ciego que el que no quiere ver. Éstos desinteresados de la política se dividen a la vez en dos: los que el día de ejercer su derecho a voto lo desoyen con total libertad y se quedan en casa, consecuentes con su indiferencia mientras dan la espalada a la única manera que tenemos los ciudadanos de cambiar la barra de pan que compras cada día, la gasolina que consumes de camino al trabajo y la nómina que dará de comer a tus hijos. Sí amigo indiferente, todo esto puedes cambiarlo con el mero hecho de ejercer el derecho a voto. La decisión es claramente respetable. Dentro de estos indiferentes está el segundo grupo, aquel que ni entiende ni quiere entender el poder de la política pero sí ejerce su derecho a voto, acude a su cita con las urnas de la mano de un familiar que previamente ha cedido el sobre con el voto que más ha convenido, o bien lleva en la mano una ideología que mamó en casa de los abuelos pero que no entiende, o quizá sin saber muy bien porque, quiere sentir el derecho a cambiar las cosas para cargarse de razón cuando el escrutinio diga que, finalmente, no ha cambiado nada. Todo esto en líneas generales; no se vayan a confundir.
Por último quiero hablar de los políticamente activos. Estos se dividen en dos grupos, muy amplios y muy dispares entre sí: los informados y los no informados.
Los ciudadanos políticamente activos son muy conscientes de lo necesaria que es la política en nuestro día a día, de todo lo que se puede cambiar y, sobretodo, de todo lo que debemos mantener. Estos, como yo, aprovechan cualquier situación para verter su opinión y su crítica sobre el tema a tratar, a veces imponiendo su pensamiento al resto, otras simplemente argumentando sus ideas con ejemplos activos y palabras cuidadas. No hace falta decir que una persona desinformada intentará imponer su opinión y una persona bien informada sabrá argumentar sus palabras.
En los últimos días, al hilo de las elecciones municipales y autonómicas me he encontrado con mucha gente políticamente crítica y activa, en su mayoría del grupo desinformado, que intenta imponer unos ideales que cree como únicos y validos; apoyados por noticias manipuladas que, de ningún modo se han molestado en contrastar. Estos ciudadanos tienen el pleno derecho a hacerlo, desde luego, lo que quizá no saben es que si van a intentar imponer unas ideas tienen la obligación de informarse a conciencia y ser críticos con ellos mismos pues, como todos sabemos, la política es seria y necesaria e intentar manipularla es el primer paso para corromperla.
Durante estos días he visto como ciudadanos políticamente informados rebatían las lecciones sobre política que los desinformados intentaban imponer, dejando a éstos sin argumentos; lógicamente. Y, como no podía ser de otra manera, nace un debate que deja sin argumentos a aquel que no se ha preparado bien la lección. Todo siempre; por regla general.
Estos ciudadanos políticamente críticos y activos, ya sea informados o desgraciadamente desinformados, acuden a su cita con las urnas con la cabeza bien alta, conscientes de que está en su mano el rumbo de la sociedad y participando con una sonrisa de la fiesta de la democracia.
Ahora viene la anécdota que más ha llamado mi atención en esta semana y, sin duda la que me ha empujado a escribir éste artículo.
Y es que, cuando en una conversación (y que quede claro que digo una “conversación”, no digo “discusión”) entre dos o más personas políticamente críticas y con ideas dispares, entran al juego aquellos a los que o bien no les gusta o bien no les interesa la política la conversación se distorsiona. La herramienta básica de la política es el debate, y un debate no es una discusión. Yo debato a diario con amigos sobre cualquier tema, siempre y cuando tenga información necesaria para hacerlo. No puedo debatir sobre algo que no me interesa.
He leído y escuchado que “por qué amigos que se llevan bien discuten sobre política hasta el punto de desacreditarse el uno al otro”. Pues porque eso es la política amigos míos: exponer una idea con argumentos para intentar mejorar lo mejorable.
Otra cosa que también he oído es algo mucho más sorprendente si cabe: “Hablar de política es ser un radical, dejad ya de discutir no vais a arreglar nada”. No amigos, hablar de política es ser consecuente con nuestra sociedad, porque la política es la herramienta más necesaria para nuestro bienestar. Ser un radical es imponer una ideología a la fuerza y sin argumentos. Debatir de política es ser consciente de la importancia que ésta tiene. Discutir de política es no saber muy bien qué decir, pero sí querer decirlo a toda costa.
Sin más espero haberos hecho reflexionar sobre si la política es necesaria o no. En el caso de que hayas descubierto que la política es más necesaria de lo que muchos piensan, espero que hayáis descubierto que debatir sobre política no es ni malo ni radical, siempre y cuando se respete al compañero e, imprescindiblemente, informándose muy bien sobre la idea a imponer.
Si sigues siendo indiferente a la política, por favor, deja que los que disfrutamos del poder del cambio y la participación podamos seguir debatiendo sobre nuestros derechos ante un adversario a la altura de nuestras informaciones.
No somos radicales, somos consecuentes.
Por regla general.
lunes, 8 de junio de 2015
Ellas, esas grandes desconocidas.
Esta mañana he despertado con una notificación del diario As dónde era noticia el modo que el F.C.Barcelona había festejado su quinta Champions. He pinchado la noticia y la he leído. Nada más terminarla me he acordado del Mundial de Futbol Femenino Canadá 2015.
Sí, este año también hay mundial, y sí habéis leído bien: femenino. Quizá por eso no os hayáis enterado.
He bajado por toda la aplicación del citado diario hasta encontrar una noticia sobre este mundial. Después de muchas noticias sobre mi Champions (sí, mía; o al menos así la celebré), otras muchísimas de los equipos que suben a primera, los que se quedan, los que se van, los nuevos fichajes, el último pensamiento de Rafa Benítez y algo sobre un partido de baloncesto; encontré, casi al final, una sección de “fútbol femenino”. Y así me la he encontrado, apartada y lejos de las primeras noticias.
He leído las sensaciones que nuestras jugadoras tienen de cara a su debut en el último entrenamiento y una entrevista escueta pero concisa a la estrella de la selección española: Verónica Boquete. Vero habla de lo difícil que es ser futbolista y mujer en España: “Me he sentido frustrada porque era una niña en un mundo de niños (…) que por el mero hecho de ser mujer no puedas llegar adonde tus compañeros chicos sí pueden”. A quién me conozca no hace falta decirle cuan identificada me he sentido con ésta declaración. Yo nunca he sido buena jugando, nunca hubiera llegado a jugar a nivel profesional, pero sí me he sentido frustrada en numerosas ocasiones, muerta de envidia sin ir más lejos cada domingo que veo a mis amarillos luchar los tres puntos. He jugado al fútbol desde que tengo uso de razón, y he seguido hasta que las circunstancias me lo han permitido. Para finalizar la entrevista a Vero Boquete le preguntan como le gustaría ser recordada y ella sentencia: “lo fundamental es que me recuerden como una jugadora que ha ayudado a mejorar la situación del futbol femenino.” Ella es consciente de que la clave está en la educación y que ellas tienen es su mano hacer un buen mundial para que se las reconozca más.
Aunque la clave la tienen los medios de comunicación, una vez más. Ya es grave que una sección de “deportes” se centre y se llene con noticias únicamente del mundo del fútbol (eso es otra historia que da para un artículo más) pero en todo el fin de semana no he visto ni una sola mención al mundial que ha empezado éste fin de semana, quizá he sido yo que me lo he perdido, entiendo que la final de la Champions cope minutos, que el mejor equipo de las última década merezca su reconocimiento, pero como todo, hasta su punto.
¿Sabías que éste año es el primero en el que la absoluta de futbol femenino va a jugar un mundial? ¿Sabías que Vero Boquete fue seleccionada por la FIFA a mejor jugadora 2014? ¿Sabías que la selección es la gran favorita en su primer partido ante Costa Rica? Pues seguramente no lo sabías, porque los medios de comunicación las olvidan. Ellas son tan importantes como lo fueron Casillas, Puyol, Iniesta o Torres. Pero ellas no llenan minutos de informativos ¿Por qué? ¿A qué viene esta discriminación?
Esta discriminación sí se merece una enorme pitada al himno -ya estaba tardando en sacarlo- una pitada a la federación de futbol española por la discriminación desde las primeras categorías y una pitada a los medios de comunicación por el silencio. Deberíamos sacar el orgullo español del que tanto presumen muchos y que tanto nos gustaba gritar en 2010 para animar a éstas chicas que defenderán la camiseta roja y se dejarán la piel en el mundial. Porque éstas chicas se lo merecen igual que se lo merecieron ellos. O más, visto el batacazo del pasado mundial.
Afortunadamente hace poco leí que los partidos de España los darán en abierto por Teledeporte, como no podía ser de otra manera tratándose de la televisión pública; hasta ahí podíamos llegar. Así que sin más espero veros a todos enganchados a la tele, con vuestra roja en el corazón y viendo un gran mundial de mano de nuestras chicas.
Aquí os dejo el enlace a la entrevista a Vero Boquete:
Los partidos de España en fase de grupos son:
09 de Junio, 16:00h ESPAÑA-COSTA RICA
13 de Junio, 16:00h BRASIL-ESPAÑA
17 de Junio, 19:00h REPÚBLICA DE COREA-ESPAÑA
Toda la información sobre el mundial de futbol femenino Canadá 2015 la podéis encontrar aquí:
Si os gusta el fútbol os gustará el mundial, igual de válido que el que ganamos en 2010 y el que perdimos en 2014. Si no te gusta y eres mujer lucha por tus derechos y el reconocimiento de la mujer, sean éstos los que sean.
Otro día os hablaré de las guerreras de balonmano, de los campeones de hockey y otros muchos ganadores que quedan eclipsados por el valor de un nombre en una camiseta.
lunes, 15 de junio de 2015
Teatreros, Invencibles, ¡qué nunca baje el telón!
A menudo me he preguntado el porqué del teatro, muchos de vosotros conoceréis mi documental El Juego del Teatro que más abajo muestro para quién todavía no lo conozca.
Y es que este pasado domingo 14 de Junio he asistido un año más al Encuentro de Escuelas de Teatro de Castilla La Mancha, este año se celebraba la séptima edición en Enguídanos; la segunda desde que yo soy monitora de la escuela de mi pueblo, Villalpardo.
Éste año ha sido especial por muchos aspectos, unos más alegres; otros menos célebres.
Quiero empezar este alegato al teatro desde mi propia historia, o quizá sea la historia de mi madre, o de ambas. Yo tuve mi primera andadura teatral con el teatro a los 5 años, cuando tras la necesidad de contar con un niño-actor para la representación de la obra Casa de muñecas, mi madre, vinculada a la compañía del pueblo desde 1989, ofreció a esa pequeña niña de cinco años que; desde tiempos que no recuerdo había gateado por aquel escenario. Ese fue mi primer papel, el primero como actriz; si una niña que apenas tenía una decena de frases puede llamarse actriz. Pero no es necesario recitar un papel en el escenario para formar parte del teatro. Con el claro ejemplo de mi madre, a la que debo esta pasión por el teatro y el arte en general, observamos que no es el teatro el actor, si no una una pieza más del gigantesco engranaje de ésta forma de vivir para tanta gente, que es el teatro. Ella nunca se aprendió un papel, nunca recitó una frase, nunca subió a un escenario, ni fue iluminada por ningún foco. Ella, tan orgullosa Ayudante de Dirección -como a sí misma se gusta definir-, ha sacado a delante junto a su inseparable director, Librado Carrasco, innumerables montajes teatrales desde hace años hasta hoy mismo; y lo que les queda. Y así, desde la constancia que queda con fotografías de los años noventa, aprendí a gatear, caminar, hablar y sentir entre ensayos de un viejo Centro Social, bambalinas y decorados. Casa de muñecas con cinco años y Los cuernos de Don Friolera con siete años fueron mis primeros papeles, hasta que un día de verano Librado me cogió del brazo cuando yo tenía tan solo 12 o 13 años y me mostró un texto: La Verdadera y Singular Historia de la Princesa y el Dragón, me maravilló la historia, pero solo había un problema: tenía que convencer a un total de quince amigos, todos entre 12 y 16 años para que se aventuraran a llevar a cabo el montaje de aquella obra. Conseguí convencer a esos 15 amigos y juntos conseguimos que aquella obra girara por pueblos de Castilla La Mancha durante tres años en los que la pubertad, la diversión y la responsabilidad iban creciendo y solapándose día a día; aquellos años forjaron mis amistades hasta lo que son hoy en día. No cambiaría aquellos años de mi adolescencia de gira con mis amigos por nada del mundo. Aquellas representaciones en plazas Conquenses me han echo ser lo que soy.
Hace aproximadamente año y medio se me ofreció la oportunidad de ayudar a Librado y mi madre en la dirección de la Escuela de Teatro municipal de Villalpardo, a lo que accedí sin apenas pensarlo. Mi formación en numerosos cursos de interpretación e improvisación me daban una formación que podía poner en práctica con chavales de mi pueblo de las mismas edades que yo tenía cuando representé La Verdadera y Singular Historia de la Princesa y el Dragón. No sé qué pasó, ni qué hice mal ni tan si quiera de quién pudo ser la culpa; en ese primer curso 2014 dos de los alumnos dejaron la escuela. Para el curso 2015 otro más desistió de su aventura teatral y finalmente, a tan solo 15 días del encuentro de escuelas de teatro otros tres alumnos nos dejaron en la estacada. No podemos echarnos la culpa, ni tan siquiera intentar buscar respuesta a tan semejante espantada. Lo único que tengo claro es que he sido la culpable de no haber sabido transmitir todo lo que aquel montaje ya lejano me dio a mí y a todos mis compañeros.
En el reciente encuentro de escuelas de teatro escuché a alguien decir que: “ahora no nos podemos quejar de las dificultades de hacer teatro, que antes sí costaba sacar adelante una obra con todo el hambre, el frío y las penurias que se pasaba”. Discrepo totalmente con esta afirmación. Antes, cuando había hambre, frío y pobreza en cada casa de éste país no había mayor alegría que juntarse todos para hacer la comedia, para poner otro color a la vida, para escapar del hambre, del frío y las penurias. Para la juventud de hoy en día parece ser que la vida está tras la pantalla de una red social, en el extraño sabor de la primera cerveza o en conversaciones frívolas con amigotes que dentro de años o meses ya no lo serán. Por más que me pregunto no sé que ha podido fallar, no sé si ha sido por la falta de personalidad propia de los adolescentes, por mi falta de motivación para con unos jóvenes pegados a sus dispositivos móviles o qué la juventud de hoy en día nada tiene que ver con aquella de principios de siglo. No hace falta decir que las puertas de la Escuela de Teatro estarán abiertas para todos sea cual sea el momento en que quieran regresar.
Quién haya creído que hacer teatro son todo éxitos y diversión está muy equivocado. Hacer teatro es esfuerzo, dedicación y trabajo. Mucho trabajo. Estoy hablando de una compañía amateur, que todo lo que hace es por puro y sincero amor al arte. Tras aquella andadura adolescente a principios de los años 2000 pasó un tiempo prudencial hasta que volviera a hacer teatro. Pero volví y más fuerte que nunca, llegando hasta la otra punta del país para representar la obra que más reconocimiento y satisfacción me ha dado. Hasta volver a impregnar a mis compañeros de clase del amor al teatro cuando a penas los conocía. Hasta la realización de un corto documental (ver abajo) donde volví a “engañar” a mi grupo de amigas para que se subieran al escenario en dos únicas representaciones. Hasta hoy en día.
Ayer fue un día importante para la Invencible Teatro de Villalpardo. Para todo aquel ajeno al maravilloso mundo del teatro, sepan que ayer, nuestra compañía de teatro recibió el reconocimiento a la trayectoria por sus casi 70 años de historia. 70 años, que se dice muy pronto y cuesta mucho más de recordar. 70 años haciendo teatro son muchos años. Aquí queda patente el claro ejemplo de porqué somos Invencibles. Porque nada ni nadie podrá tumbarnos. En aquel acto nuestro director agradeció al ayuntamiento el apoyo incondicional que siempre ha mostrado, agradeció a todos sus componentes el trabajo impagable que han hecho y, sobretodo, agradeció al público sus aplausos porque sin ellos hace años que la Invencible habría sido vencida.
Cuando me preguntan por qué hago teatro no se muy bien que contestar. No sé si es esa pasión que he mamado desde niña. Si es la satisfacción del reconocimiento que se siente tras bajar el telón al finalizar una actuación. Si son los nervios indescriptibles antes de pronunciar la primera frase. Creo que nunca podré explicarlo, ni tan siquiera escribirlo.
Ayer vi a un niño que apenas sabía hablar y a duras penas caminaba tocar el cajón flamenco encima de un escenario mejor que cualquier percusionista que había visto nunca. Vi a mujeres que rondaban los ochenta años pintarse barba y ser el hombre que nunca fueron. Vi a madres y amas de casa disfrutar de los focos, a hombres en tacones más resueltos de lo que estaré yo jamás. Vi a actrices romper a llorar y actores contagiarnos una carcajada inmensa.
Ayer, una vez más, me quedó claro porqué amo el teatro. Aunque nunca llegue a ser capaz de explicarlo.
domingo, 28 de junio de 2015
El día que descubrí el arco iris.
El 28 de Junio se celebra el día Internacional del Orgullo Gay, recientemente en Estados Unidos han legalizado el matrimonio homosexual y nuestras redes sociales se han llenado de avatares teñidos con los colores del arco iris. Muchos de vosotros os sumáis a una iniciativa de visibilidad a la que me uniría si no fuese porque yo abogo por esa visibilidad todos los días, todas las horas y todos los minutos de mi vida.
Tenía 18 años cuando, recién estrenado el curso en el que empezaba a estudiar Fotografía, una compañera de clase hablaba con total naturalidad de su novia. Con la naturalidad que cualquier pareja heterosexual hablaría de su día a día. Era la primera vez que yo escuchaba hablar de una relación lésbica en esos términos. Nunca antes lo había pensado, y me pareció lo más bonito, tranquilizador y esperanzador que había escuchado nunca. Ya conocía a varios gays, alguno de ellos cercanos a mí; pero fue esa relación entre mujeres la que me abrió los ojos.
Voy a empezar, para quien todavía no lo sepa, diciendo que yo no soy lesbiana; pero sí bisexual. Orgullosamente bisexual. Desde niña, y mucho más siendo adolescente, he vivido en la dualidad de tener que elegir entre hombre y mujer. En mi entorno reducido de pueblo pequeño y lleno de prejuicios me ocupé de que nadie lo sospechara jamás y me aferré a esa parte de mí a la que le gustaban los hombres. Me escondí y durante años oculté a mi gente esa otra mitad mía de la que tan orgullosa me siento. Y ese es el mayor error que he cometido jamás. Estoy escribiendo esto con la esperanza de que nadie más lo cometa. Aunque sospecho que siempre habrá alguien oculto en el armario del miedo.
Como ya he dicho antes, alrededor de los 18 años, empecé a descubrir a mujeres felices al lado de otras mujeres felices. Me dije a mi misma que yo podía ser una de esas algún día y que nadie podía creerse en el derecho de decirme lo que tenía que hacer, con quién lo tenía que hacer y el modo en el que tenía que hacerlo. En clase eramos cuatro chicas, dos de ellas lesbianas que vivían felizmente en pareja. El tiempo hizo que se creara un grupito, típico grupito de clase, ellas dos, un chico que compartía amistades con ellas y yo. Con ellos aprendí que la vida puede ser mejor si no dejas que el resto del mundo influya en tus pensamientos. Frecuentaba círculos que antes creía ocultos y descubrí un mundo que era el mismo mundo en que vivía, pero mejor. Un mundo claro y sin ataduras. En varias ocasiones mis compañeras me preguntaron si a mi también me gustaban las mujeres. Dudé siempre en contestar y siempre les mentí. Me arrepiento profundamente de haberles mentido, ellas me hubiesen ayudado a ser mejor persona, a sentirme mejor conmigo y con mi mundo. Siento pesar en mí aquella mentira, pero sé que ellas leyeron en mis ojos la verdad.
Tiempo después conocí a Marta. Me enamoré perdidamente de ella y decidí que era el momento de empezar a “salir del armario”. Marta no era la primera mujer de la que me enamoraba, pero eso es algo que me guardo para mí y solo para mí. Pero ella sí fue la primera que me enseñó que si quieres algo hay que luchar por ello y, muy a menudo la lucha solitaria es una lucha perdida. Me llené de valor y empecé a contar a mis amigos más cercanos, uno a uno, que me gustaban las mujeres, que siempre me habían gustado pero que nunca me había atrevido a decirlo. Cada nueva amiga que conocía mi historia me abrazaba y me decía que me quería y que nada podía cambiar nuestra amistad. No hace falta decir que tengo las mejores amigas y mejor amigo del mundo, pero lo voy a decir: tengo los mejores amigos del mundo. Aquí hemos venido a hablar de amor, y ellas/o me lo dan todos los días.
Cada vez que contaba a alguien mi orientación sexual era como una si la enorme piedra que arrastraba conmigo fuera desprendiéndose de mí. Me sentía mal por haber ocultado aquello a mis amigos que otras veces habían confiado en mí y me sentí estúpida. Me prometí que nunca nadie se interpondría en mi libertad. Creo que tenía 20 o 21 años cuando empecé a salir con Laura; se acercaba el verano y yo iba a estar mucho tiempo sin verla. Tenía que contárselo a mis padres. Tengo la enorme suerte de tener mejores padres que amigos. Mi madre simplemente dijo: “Soraya, hija; lo único que quiero es que seas feliz, ¿a mí que más me da con quién te acuestes?” Mi padre dijo: “¡Vaya! ¿Y ahora te das cuenta? Yo esto ya lo sabía...” Así son nuestros padres, ellos nos conocen mejor que nosotros mismos y joder, papá; me lo podías haber dicho antes y a mí me habrías ahorrado una adolescencia creyéndome una cerda pervertida.
Desde ese día me he acostado con mujeres y hombres; seguiré haciéndolo hasta encontrar a la Persona que me haga realmente feliz y nunca ocultaré esa decisión a nadie. Me siento orgullosa y feliz de ser como soy y lo grito allá donde voy. Nadie decidirá por mí a quién amar.
Yo tuve la enorme suerte de tener amigos comprensivos y padres libres y progresistas que anteponen la felicidad de sus hijos a la suya propia. Pero no todo el mundo tiene esa suerte. Conozco gente cercana que ha vivido oculta a su familia hasta desgarrarse por dentro, apretando el corazón en un puño y llorando en silencio el miedo de vivir libre. Me entristece profundamente que la gente viva con miedo a ser rechazado por su familia, familia que le ama y le amará siempre. Aunque le duela.
Desde el día en que todo mi entorno conocía mi orientación bisexual, incluidos mis padres, decidí que no me ocultaría, que haría las bromas necesarias para normalizar mi vida y poco a poco todo el que me conociera supiese que soy libre de amar a quien me ame. Completamente libre.
Me parece un absurdo que hoy en día a 2015, se siga tratando de enfermo a alguien que solo quiere amar y ser amado. Que se celebre la legalidad de un matrimonio homosexual solo es un paso más para la visibilidad, para que todos aquellos que piensen que acostarse con alguien de tu mismo sexo es enfermizo se den cuenta que la única enfermedad que existe es la discriminación hacía cualquier persona por raza, edad, discapacidad u orientación sexual. Que se salga a la calle portando una bandera arco iris para celebrar que el ayuntamiento de la capital ondea la misma bandera como guiño para decirnos: “no estáis solos” es sólo otro pequeño paso.
Yo quiero que un día los niños y niñas no tengan miedo a crecer con sus dudas y puedan despejarlas antes de sentirse desgraciados. Quiero que si tienes dudas las aclares y que si lo tienes claro no te escondas. El amor es maravilloso. Coge de la mano a tu pareja, a tus amigos y a tu familia y grita fuerte: “¡Yo amo y amo libre!”. Que nadie te calle.
Quiero acabar dando las gracias a todos a los que he amado: a mis padres por ser maravillosos, a mis amigos; Iván, Sole, Inma, Sara, Ely, Cris, Naza, Ángel, vosotros sois fuertes y me habéis hecho fuerte a mí. A Lola y Rebeca por enseñarme el paraíso y aguantar mis mentiras piadosas, a Carlos por lo mismo. A la pequeña Marta por enseñarme que el amor es grande y a Laura por enseñarme a amar, algo que no sabía hasta que la conocí. Y a Rubén, por ser El Hombre que en mi juventud hetero supo estar a la altura para olvidar a cualquier mujer que se pusiera delante. Gracias a todos, soy como soy porque vosotros me habéis amado así.
lunes, 17 de agosto de 2015
La niña y la oveja.
Amigos taurinos, voy a contaros una historia. Una historia real, mi historia con los animales.
Muchos de vosotros sabréis que mi abuelo paterno siempre ha sido pastor, hasta el día en que la enfermedad pudo con su trabajo mi abuelo dedicó toda su vida al cuidado de los animales; nadie que yo haya conocido ama tanto a los animales como los ama mi abuelo. Éste inculcó el amor a los animales a mi padre y así ambos intentaron inculcármelo a mí. Os estoy diciendo que mi abuelo, el pastor, dedicó toda su vida a cuidar el ganado: un trabajo cuyo fin era llevar a los jóvenes corderos al matadero.
Mi abuelo dedicó toda su vida a que a aquellas ovejas, corderos, cabras y cabritos nunca les faltara de nada. Todos los días del año sacaba a pastar a sus animales, educaba a su perro pastor, limpiaba su bebedero, llenaba las cuadras de paja y piedras gigantes de sal, ayudaba en los partos a las ovejas, alimentaba a biberón él mismo a aquellos corderos que la madre rechazaba. No había día del año en mi abuelo olvidara su obligación para con los animales. Y, por supuesto, cuando el animal llegaba a su peso y edad óptima éste iba al matadero, lo sacrificaban y servía de alimento a las personas; personas como tu y como yo que hemos comido cordero.
Os voy a contar una anécdota real que mi familia cuenta en cualquier círculo siempre que tiene ocasión para que veáis hasta que punto vivía familiarizada con el trabajo de mi abuelo:
Era yo una niña, tan niña que a penas sabía hablar y caminar entre el terreno abrupto del corral de mi abuela. Siempre que venía el carnicero a pesar y comprar los corderos dormía casa de mi abuela para no perderme ese espectáculo. Una de esas veces estaba junto a mi abuelo mientras el carnicero colocaba un cordero en la báscula romana del corral y el animal no paraba de balar y balar desesperado, en los ojos se le veía consciente de su futuro inmediato, yo me acerqué al cordero y dije con total naturalidad:
-No llores ovejita, si te vamos a comer.
Desde bien pequeña normalicé en mi cabeza que el fin del sacrificio y el amor que mi abuelo procesaba a sus animales era la alimentación humana. Que si yo quería comer las “chicas de palo” que tanto me gustan ese cordero se tenía que subir al camión del carnicero y ser sacrificado; que ese animal tenía el fin de ser alimento para el resto.
Y no sólo eso, mi abuela, que junto a mi abuelo se dedicaba al cuidado de los animales, tenía (y sigue teniendo): gallinas, pollos y conejos; y en ocasiones pavos y patos. Animales que, además de habernos proporcionado a toda la familia huevos frescos siempre que los hemos precisado, nos han dado alimento casi semanal gracias al sacrificio de mi abuela. Desde niña, muy niña; me he levantado los domingos en la casa de mi abuela y he llegado al corral para observar admirada como mi abuela colgaba un conejo, le daba un golpe seco en la nuca y a continuación empezaba a despellejarlo y abrirlo para sacar el mayor provecho al animal. Nunca sentí asco, ni repulsión, ni si quiera pena. Dentro de unas horas me comería una rica paella -probablemente la mejor que haya comido nunca, la de mi abuela- gracias a ese animal que acababa de morir. A veces el sacrificado era un pollo, otras veces un pavo.
Aquí os dejo unas fotos. La primera soy yo junto a mi abuelo en su granja rodeada de las ovejas, “ayudando” a su cuidado. La segunda vuelvo a ser yo, esta vez junto a mi abuela, que despelleja un conejo mientras mi sonrisa de niña luce impecable. Gracias a la buena costumbre de mi madre para catalogar las fotos sé que ambas son de 1993.
Ahora bien. Yo, que desde pequeña he visto el sacrificio animal de cerca y lo he encontrado necesario, no voy a permitir jamás que se compare con la tortura de un toro porque no tiene absolutamente nada que ver. No voy a permitir que ningún taurino justifique su tortura animal con el hecho de comer carne. Ni tan si quiera que se atreva a insinuar que yo, por no compartir su masacre, no tengo el derecho a comer su manjar.
Yo, que no me considero anti-taurina y siempre he respetado esa tradición, me estoy empezando a hartar, y de qué manera, de vuestros desprecios y vuestras mal justificadas razones.
Un toro NO quiere ser humillado y toreado.
La tradición NO justifica la tortura.
Un torero NO es un héroe, un torero es un loco vestido de payaso; (aunque lo de payaso ya lo dijo ska-p).
El toreo NO es un arte. He estudiado arte, amo el arte por encima de muchas cosas, y jamás permitiré que se le llame “arte” a eso.
Os creéis que os gustan los animales porque amáis al toro bravo. ¿Pero cómo podéis ser tan hipócritas?
Mi abuelo cuidó a sus animales en libertad, les dio su tiempo y su trabajo para al final llevarlos al matadero. Si alguna vez un animal caía enfermo y había que sacrificarlo antes de tiempo mi abuelo lo hacía con lágrimas en los ojos. Él amaba a los animales. Vosotros disfrutáis mareándolo y provocándolo, clavándole banderillas hasta debilitarlo, para al final matarlo -en el mejor de los casos y muy pocas veces de una estocada-. Vosotros amáis torturar a un animal.
Yo respetaba vuestra tradición hasta que os habéis convertido tan insoportablemente radicales de no respetar mi amor por los animales. Os he perdido todo el respeto amigos.
jueves, 14 de enero de 2016
La Diputada y el Niño
Ayer se tomó posesión del nuevo y flamante congreso de los diputados, más plural y variopinto de todos cuantos recuerdo. Y ayer vi por primera vez que de verdad el pueblo entraba al congreso, que es de eso de lo que se trata. Aunque nos tengan acostumbrados a que el congreso sea ese sitio donde unos cuantos trajeados, supuestamente elegidos por el pueblo en nuestra maravillosa ley electoral, se sentaban a calentar un asiento, en el mejor de los casos, y cobrar su enorme sueldo a final de mes, pudimos ver que no tiene por que ser así. Ayer no. Ayer vi a personas con las ganas e ilusión de querer cambiar el país. Ayer, aunque en muchos casos se les apagase el micro, se prometió/juró la constitución con matices, porque eso es España: un país lleno de matices. Aunque a algunos no les guste reconocerlo.
El congreso es, amigos y amigas, la mínima representación del ciudadano español. Desde Gómez de la Serna hasta Alberto Garzón, todos y cada uno de nosotros estamos representados en ese congreso. Carolina Bescansa también. Ella, con un hijo lactante de tres meses al que no puede darle el biberón, decidió acudir a su puesto de trabajo con su bebé porque la teta solo se la puede dar ella; creo que todos lo entendemos ¿no? Un niño en periodo de lactancia que solo puede tomar el pecho no debe ni puede ser separado de la madre. Pero en el caso de que sí pudiera: ¿creéis que Carolina no podría haber dejado a su niño en la guardería del congreso? Sí, si podía; no solo en el congreso, seguramente en la guardería de su barrio también. ¿Crees que Carolina no tiene a alguien con quién dejar al niño? Sí, seguramente ese niño tendrá un padre, abuelos, incluso niñera/o. ¿Entonces por qué la diputada Carolina Bescansa decidió acudir a su puesto de trabajo con su niño, repito: lactante de tres meses?
La señora Bescansa se sienta en ese asiento elegida por unos ciudadanos y en representación de todos ellos, la imagen de la diputada dando el pecho a su hijo no es tanto el hecho en sí mismo como todo lo que representa. Decenas de madres solteras que no tienen un padre para cuidar a ese niño, madres que no pueden pagar un/una cuidador/a, madres que no pueden permitirse una guardería, madres a las que su hijo no les coge el biberón y no tienen más remedio que darle la teta. Y lo peor de todo: mujeres que no pueden ser madre por miedo a perder su trabajo, madres que pierden su trabajo por el mero hecho de serlo, madres a las que no se les concede una baja de maternidad acorde a las necesidades del bebé, madres y mujeres que sufren acoso laboral porque aún hoy todavía hay quién cree que el cuidado de un hijo no es compatible con el trabajo.
Teniendo en cuenta que un bebé lactante de tres meses solo toma teta y duerme, lo único que nos debería preocupar es: si tu trabajo te permite dar el pecho a tu bebé no veo porque no vas a poder hacerlo, a no ser que nos sigamos escandalizando por ver una teta. Y si tu trabajo no te permite dar el pecho la baja por maternidad debería ser acorde con las necesidades de bebé y madre.
Me cuesta creer que todavía haya gente tan retrógrada que no pueda ver a una madre amamantar a su hijo, pero la hay; desgraciadamente la hay. A mí, personalmente, me parece más lamentable que un diputado se quede dormido en su escaño a que se dé de mamar a un hijo. Llamarme loca.
Carolina Bescansa no es la primera: La senadora del PSC Yolanda Pineda en 2012, la eurodiputada danesa Hanne Dahl en 2009 y la italiana Lizia Ronzulli en 2010. Y aquí en España, en 1991; hace ya 25 años, Nines Maestro también amamantó a su bebé en el congreso.
Me parece que roza el absurdo que se critique a una mujer por ser madre y trabajadora a la vez, que con esta clase de debates retrocedemos 40 años en nuestra libertad y que espero que esto solo sirva por normalizar el hecho de amamantar, criar y educar a un niño a la vez que se es cajera de un supermercado, maestra, médico, abogada, o diputada.
Dicho esto; ayer vi a jóvenes queriendo cambiar lo cambiable, diputados de color elegidos por los ciudadanos, banderas de colores que representan la libertad que otros se empeñan en romper, ayer vi madres, padres, hijos. Y también ladrones. Sí amigos, había ladrones ocupando su escaño no sé por qué extraña razón eso no os molesta...
Me duele profundamente que hablemos de dar el pecho a un bebé como si fuera lo más escandaloso del mundo y no de que un imputado echado de su partido se siente ahí a cobrar a pesar de que donde debería estar es en la cárcel. Ese diputado lo han elegido en las urnas, pero ¿está en su derecho de seguir cobrando de todos nosotros? Es una pregunta retórica amigos, vosotros seguir arremetiendo contra una madre trabajadora libre de hacer lo que quiera mientras otros os siguen robando lo que es vuestro sin que nadie le diga nada.
¡Feliz nuevo congreso de los diputados!
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| Foto: La Vanguardia |




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